lunes, 3 de enero de 2011

Parte 1: El lado oscuro de un bardo

Escribir, una de las acciones más complejas de este mundo, las palabras no dependen del conocimiento del escritor sino de los momentos, las situaciones, la vida de este…
Hay momentos oscuros, momentos tenebrosos que parecen solo traernos augurios de muerte y destrucción,  momentos en donde las cosas empeoran por solo una palabra o movimiento…
Vivimos situaciones muy extrañas, llegamos a lugares que nunca pensamos llegar, nos enfrentamos muchas veces a cosas que no sabemos ni por qué existen. Hay tanta gente que gustaría de poder regresar el tiempo, no para remediar su error ni mucho menos, simplemente, para verlo, para saber cómo llegaron a donde están ahorita, al limbo en donde viven, al maldito abismo en donde tal vez morirán.
Hay momentos oscuros, momentos tenebrosos que parecen solo traernos augurios de muerte y destrucción, curioso es, que cuando las cosas parecen empeorar, solo abrimos los ojos y estamos acostados, a la luz del sol, en nuestra apacible cama.  Curioso también es que, muchas veces cuando todo parece ir peor, solo empeora, empeora y empeora, y  por más que queramos abrir los ojos para decir "fue solo un sueño" no podemos, porque no es así. Pero por qué no transformar este sufrimiento literal en; nada. Tan fácil que sería acabar todo con un puñal o un veneno…
“¿Existir o no existir?  Esa es la cuestión.  ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?… Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir… y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo, porque el considerar que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.” Shakespeare, William. 

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